Remiseros advierten una fuerte caída en la actividad y alertan por el impacto de la crisis

La situación económica golpea con fuerza a distintos sectores de la ciudad y uno de los más afectados es el de los remiseros. Así lo manifestó Arnaldo Melgarejo, trabajador del volante, quien describió un escenario complejo marcado por la caída del consumo, el aumento de costos y la incertidumbre sobre la continuidad de la actividad.

“La realidad está difícil. Este año viene mal debido a la situación económica que atraviesa el país. La gente perdió poder adquisitivo y eso se siente”, expresó.

Menos viajes y menor rentabilidad

Melgarejo explicó que, pese a que existen datos que indican una ocupación hotelera superior al 75% en determinados períodos, ese movimiento no se traduce en mayor demanda de remises.

“Antes, en fines de semana largos o fechas especiales, las empresas ponían micros de refuerzo. Este año no. Y los pocos pasajeros que llegan, los vienen a buscar familiares o se van caminando”, señaló.

Actualmente, un trabajador del sector puede realizar entre seis y siete viajes diarios “si tiene suerte”. En una jornada considerada buena, la recaudación puede alcanzar los 60 mil pesos brutos. Sin embargo, el aumento del combustible, los seguros y el mantenimiento del vehículo reducen considerablemente el margen real de ganancia.

“El primer viaje del día puede ser una mínima de 4.000 pesos. Con eso no podés vivir, no alcanza ni para comer”, lamentó.

Costos en alza y habilitaciones

A la baja demanda se suman los costos fijos. Melgarejo detalló que la patente de su vehículo ronda los 60 mil pesos, a lo que se agregan habilitaciones municipales, seguros obligatorios y otros gastos administrativos.

“El seguro que nos exigen no nos cubre prácticamente nada. Tuve un accidente con una moto y todo salió de mi bolsillo. Solo en reparaciones estoy arriba del millón de pesos. La óptica que me rompieron cuesta cerca de 600 mil”, explicó.

El trabajador aseguró que aún no pudo reparar completamente su automóvil y que continúa trabajando con el vehículo dañado para poder sostenerse económicamente. “Me da vergüenza andar así, pero tengo que hacerlo para ganarme el mango”, confesó.

Otro dato que preocupa es la disminución en la cantidad de unidades en servicio. Según indicó, anteriormente trabajaban entre 12 y 13 autos, mientras que actualmente quedan apenas cinco o seis.

“Muchos dejaron porque no les cierran los números. Otros se jubilaron. La actividad se achicó mucho”, afirmó.

Incertidumbre hacia adelante

Con expectativas puestas en los feriados y la temporada alta, el sector esperaba una recuperación que finalmente no se concretó. “Teníamos la ilusión de que se iba a mover un poco más, pero la realidad es otra. Si la gente no tiene plata, no hay consumo. Y cuando no hay consumo, morimos todos”, sostuvo.

Melgarejo reconoció que evalúa su continuidad en la actividad si el panorama no mejora en los próximos meses. “No sé hasta cuándo voy a poder aguantar. Está muy difícil”, cerró.