La Casa de la Cultura fue escenario este fin de semana de un emotivo homenaje a Rubén Miño, al cumplirse 30 años de su fallecimiento. Músicos, familiares, amigos y autoridades se reunieron para recordar la trayectoria de uno de los grandes referentes que tuvo Bella Vista dentro de la música chamamecera y para mantener vigente una obra que continúa inspirando a nuevas generaciones.
La jornada estuvo atravesada por recuerdos, anécdotas y, especialmente, por el reconocimiento a un artista cuya influencia trascendió las fronteras de la ciudad. El encuentro también permitió reunir a músicos que compartieron momentos con Miño y a sus hijas, quienes reivindicaron la importancia de transmitir su legado.
El viceintendente de Bella Vista, Dr. Enrique Ferreyra, destacó la importancia de recuperar la figura del músico y recordó sus propios encuentros con él durante sus primeros años en la ciudad.
«Fue un orgullo recordar a este grande que dejó tan bien representada con su música a Bella Vista en todo el país», expresó.
Ferreyra contó que, cuando llegó a Bella Vista, vivió en una vivienda ubicada sobre calle Ferré, prácticamente frente a la casa de Rubén Miño. En ese entonces, un taller cercano se había convertido en un punto de encuentro para distintos vecinos y músicos de la época.
«Al lado había un taller muy conocido, el de don Lidio Pared, un amigazo que me abrió las puertas. Cuando llegué, ese era prácticamente un lugar de encuentro y tuve muchísimas tardes para escuchar un poco a este grande que fue Rubén Miño», recordó.
Para el viceintendente, aquellos encuentros forman parte de una memoria colectiva que hoy permite dimensionar la trascendencia del músico. «Era el lugar de encuentro de un grupo de gente muy conocida que hoy ya no está, pero que guardo realmente en mis recuerdos», agregó.
Treinta años de un legado que permanece
El músico Dani Micheli fue otro de los protagonistas del homenaje y puso en palabras el sentimiento de quienes pertenecen a una generación que tuvo a Miño como uno de sus principales referentes.
«Pasaron 30 años donde él nos dejó un legado grandísimo y un compromiso grande también para todos los músicos que estamos acá», sostuvo.
Micheli recordó que tuvo la oportunidad de conocer personalmente a Miño, conversar con él y compartir su música y su arte.
«Él se fue muy joven. Yo tuve la suerte de conocerlo, tratarlo, hablar y compartir su música, su arte, todo lo que pude. Son sentimientos encontrados porque no nos dimos cuenta y pasaron 30 años. Parece mentira», expresó.
El músico reconoció además la ausencia que significó su partida para quienes continuaron desarrollando la actividad artística en Bella Vista.
«Se lo extraña mucho porque no tenemos más referentes. Él era nuestro máximo referente acá y quedamos como huérfanos. De alguna u otra manera tratamos de reinventarnos y acá estamos, después de 30 años», manifestó.
Un referente para los acordeonistas
La figura de Miño también fue reivindicada por Héctor Ruidíaz, quien destacó especialmente su influencia entre quienes eligieron el acordeón como instrumento.
«Es un referente muy grande que tenemos los que tocamos el acordeón», afirmó.
Ruidíaz recordó incluso una circunstancia particular en la que tuvo la posibilidad de tocar el instrumento que perteneció a Miño, durante una etapa en la que el músico atravesaba problemas de salud.
«Cuando estuvo muy enfermo, para acompañar a los Vallejos, la viuda prestaba el acordeón y yo me las amañé. Hacíamos los bailecitos», relató.
La anécdota permitió dimensionar no solamente el valor artístico del instrumento, sino también el vínculo que Miño había construido con otros músicos y con la comunidad.
«Fue uno de los grandes músicos de la República Argentina»
Ireneo «Pocho» González, amigo de Rubén Miño, fue contundente al definir su importancia dentro del chamamé.
«Rubén Miño fue el más grande músico que tuvo no solo la provincia, sino creo que la República Argentina», afirmó.
González destacó que su talento fue reconocido por figuras fundamentales de la música chamamecera y mencionó entre ellos a Montiel, Coco Amaral y Abelardo Dimota.
«Rubén fue mimado y adorado por la mayoría de los músicos de gran categoría que hubo en el chamamé», señaló.
También recordó la admiración que despertaba en referentes como Isaco Abitbol y Antonio Niz, y su vínculo con el Trío Panchito, una etapa que dejó una importante huella en su trayectoria.
Para González, la dimensión de Miño no siempre fue reconocida en Bella Vista con la importancia que merecía en vida.
«Tal vez acá no le dieron la importancia que realmente se mereció. Tendrían que haberle dado más vida a lo que hoy se le está dando después de tanto tiempo de su partida», reflexionó.
Sin embargo, sostuvo que su obra permanece como un patrimonio cultural que permite continuar recordándolo.
«Rubén Miño dejó mucho acá para seguir recordándolo con placer, porque tiene ganado y sobrado los laureles que lo acompañaron», concluyó.
La familia: «Papá estaría orgulloso»
Mirta y Cristina Miño, hijas del músico, también participaron del homenaje y compartieron una mirada íntima sobre el legado que dejó su padre.
Las hermanas recordaron que Miño había tenido la intención de transmitir sus conocimientos y formar a nuevas generaciones de músicos, aunque reconocieron la dificultad que implica aprender a tocar instrumentos como el acordeón.
«Tuvo la intención de tener algún alumno que pretendiera aprender el acordeón, pero es difícil, igual que la guitarra. Por ahí de oído parece más fácil, pero también requiere mucho», contaron.
En ese sentido, señalaron que la continuidad de la música y la posibilidad de que nuevos niños y jóvenes se acerquen a los instrumentos representa una de las mejores formas de mantener viva la memoria de su padre.
«Yo creo que papá estaría orgulloso si ve esto. Nos junta. Siempre digo esto: nos junta», expresaron.
Las hermanas también remarcaron la importancia de que los jóvenes tengan oportunidades para acercarse no solamente a instrumentos como el acordeón o la guitarra, sino también al canto, entendiendo que la música se construye colectivamente.
«Que se renueve la edad de los chicos para aprender algo, ya sea un instrumento o también la voz. No hay que olvidarse de que un conjunto se complementa con las voces», señalaron.
Una ausencia que se transforma en memoria
A tres décadas de la muerte de Rubén Miño, su familia reconoce que atravesar su ausencia no fue sencillo, pero que el paso del tiempo permitió transformar el dolor en orgullo por su trayectoria.
«Treinta años no es nada fácil de manejar, pero lo llevamos en familia. Hoy lo vemos como el músico que dejó muchas huellas, muchas músicas y por el cual sentimos muchísimo orgullo», expresaron sus hijas.