El carnicero Carlos Benítez analizó la caída del consumo de carne vacuna y aseguró que se trata de una tendencia que no comenzó recientemente, sino que se viene profundizando desde hace varios años. Según explicó, el consumo per cápita de carne roja pasó de rondar los 60 o 62 kilogramos anuales a ubicarse actualmente cerca de los 40 kilogramos.
Benítez señaló que el aumento de los precios llevó a muchas familias a reemplazar la carne vacuna por otras alternativas más económicas, como el pollo, el cerdo o el pescado. “Un kilo de pollo vale en promedio $4.000, un kilo de cerdo alrededor de $5.000 y un kilo de carne vacuna promedio cuesta unos $13.700. Es mucha la diferencia”, remarcó.
No obstante, destacó que las costumbres alimentarias de los argentinos siguen sosteniendo parte del consumo de carne roja. “La gente no puede vivir sin la carne roja. Un día come pollo, otro día cerdo, pero la mayor parte de la semana sigue consumiendo carne vacuna”, expresó.
El comerciante indicó que la disminución del consumo impactó de lleno en las ventas de las carnicerías. En su caso, estimó una baja de entre el 35% y el 40% respecto de 2015. Esa retracción también obligó a reducir las compras de mercadería.
“Antes bajábamos 32 medias res por semana y ahora estamos bajando 20. Es cerca de un 40% menos. En un mes son aproximadamente 4.000 kilos de carne menos que ingresan al comercio”, explicó.
En cuanto a las preferencias de los clientes, Benítez comentó que quienes más sienten el aumento de los precios son los consumidores de cortes económicos. En cambio, quienes adquieren cortes premium mantienen su nivel de compra, lo que permite sostener el equilibrio del negocio.
“El que compra los cortes premium prácticamente no siente el aumento y eso nos ayuda a mantener el promedio. Gracias a ese equilibrio podemos sostener los precios de los cortes más económicos, pagar los gastos fijos, los impuestos y seguir trabajando, aunque vendamos menos”, afirmó.
Respecto de las modalidades de pago, el comerciante señaló que las billeteras virtuales y las transferencias son hoy la principal forma de cobro. “Alrededor del 60% de las operaciones se realizan de manera virtual y el resto en efectivo. Hay momentos en que incluso llega al 70% de pagos digitales. El efectivo prácticamente se está perdiendo”, sostuvo.