Según el paisajista Fernando Pozuelo, se cree que la costumbre de regalar flores como demostración de amor se remonta a las bodas de la Edad Media, cuando se puso de moda decorar con ramilletes para perfumar el ambiente y enmascarar los malos olores en los festejos matrimoniales. El verdadero punto de inflexión en el uso de la flor como significante del amor en las culturas occidentales tiene lugar en el siglo XIX, cuando el arte floral se convierte en un símbolo de estatus y buen gusto en la sociedad victoriana.
Miles y miles de flores se regalan a diario, en especial en el Día de los Enamorados, una oportunidad para conquistar, reenamorar, edificar y entregar amor de manera simbólica. En Florería «No me olvides», no hay descanso, así lo hizo saber su propietaria Elsa Alegre, quien habló en LA MAÑANA DE LA RADIO. “En este día, el bellavistense expresa el regalo como “sos el amor de mi vida, para siempre”. La cosa está floja porque hay cosas que nos jugaron en contra pero hay que agradecer a Dios que podemos seguir trabajando y podemos seguir enamorados. El bellavistense busca girasoles y rosas. Hay clientes que vienen hace años, otros nuevos y muchos de afuera. Hoy envío a domicilio pero con un remis”, comentó.

Por su conexión histórica y artística a lo largo de los siglos con la bella y carnal Afrodita, la rosa roja encarna en Floriografía el deseo y la pasión. La dalia, fidelidad eterna y compromiso. El lirio de los incas o alstroemeria, devoción y amistad incondicional. “La orquídea, símbolo de lujuria y sensualidad, y la margarita, símbolo de pureza y ternura, son otras especies que remiten a diversas formas de profesar el amor”. “Tuvimos pedidos de Estados Unidos y de Filipinas. Otro país más cerca fue Brasil. Algunos son bellavistenses y en algunos casos argentinos que tienen relaciones con alguien de acá. Generalmente nos preguntan si trabajamos con Western Union y es mucho más fácil trabajar así porque convierte cualquier moneda en la nuestra”, explicó Cristian, su hijo.
