Según Roland Barthes, toda producción de sentido está insertada en lo social y es así que se va construyendo la trama del discurso; en este caso el de la determinación social y el significante que surge de la labor llevada adelante por los chicos del Centro «Sin Barreras» al poner de manifiesto sus emociones, sentimientos, imágenes y sensaciones a través de la comunicación.
En la hechura del signo y la construcción del sentido, el enunciador se servirá del establecimiento de relaciones en base a las ya establecidas (preexistentes) dentro de la cultura según la intencionalidad del mensaje que quiera comunicar. El título se relaciona directamente a esta cuestión si tomamos como enfoque a la generación de signos y significantes que nacen desde las diversas actividades como panadería, carpintería y manualidades, de ahí el nombre «Cocina de los sentidos», que da cuenta de una constante lectura connotativa y denotativa de los participantes.
«Los chicos realizan sus productos y nosotros colaboramos, de este modo se pueden recaudar fondos para comprar herramientas y para sus salidas. En esta semana estamos cargados de trabajo pero muy felices porque tenemos el apoyo de los padres, profesionales y el municipio», dijo una de las talleristas al móvil de exteriores de PRIMERA MAÑANA.
En esta reciprocidad entre sentido y sociedad planteada por Barthes, también encontramos un diverso abanico en la producción e inclusión que emergen desde las nuevas formas laborales y de aplicación para lograr objetivos. De tal modo, «La cocina de los sentidos» del Centro Sin Barreras, explora este mensaje intencional que se intenta replicar en la sociedad y muchas veces multiplicarlo. Así como hay múltiples interpretaciones para este discurso, también lo hay para el universo de habilidades y destrezas que desarrollan los jóvenes en su inserción social mediante el tacto, la audición, la visión, el gusto y el olfato.