El avión chárter de la compañía española Girjet estaba a punto de despegar del aeropuerto de Abéché, en Chad, cuando la policía local lo rodeó y obligó a bajar a los tripulantes y los pasajeros. Por la escalerilla descendieron los siete españoles que integraban la tripulación del vuelo, seis franceses pertenecientes a una ONG humanitaria y tres periodistas de esa misma nacionalidad. La policía los detuvo de inmediato, mientras la pista se llenaba de otras presencias que también emergían de las entrañas del avión: 103 niños chadianos, presuntamente todos huérfanos y la mayoría de ellos enfermos o heridos.
Si la escena perteneciera a una película de Hollywood, el espectador no tendría dudas sobre lo que estaba sucediendo: un grupo de valientes trabajadores humanitarios, ayudados por la intrépida tripulación del avión y acompañados por tres audaces periodistas para registrar los hechos, estaba a punto de salvar a más de cien huerfanitos africanos para llevarlos al civilizado occidente cuando -seguramente por el aviso de un traidor- la policía de un gobierno despiadado los interceptó.
Sin embargo, nada más lejos de la realidad: lo que la policía de Chad acababa de hacer ese 25 de octubre de 2007 fue desbaratar una monumental operación de tráfico de niños con destino a Reims, en Francia, donde los recibirían “familias adoptivas” que habían pagado entre 2.800 y 6.000 euros por cada uno de ellos.
Todo era obra de una organización criminal que se ocultaba bajo la fachada de una ONG llamada el Arca de Zoé, fundada dos años antes con supuestos fines humanitarios. Y la operación no había sido descubierta por una filtración sino por la denuncia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
La “misión humanitaria”, como la presentaba el Arca de Zoé, incluía otras falsedades, porque en Francia se había anunciado que los niños rescatados eran huérfanos de la guerra civil de Sudán Occidental -y no chadianos- que estaban heridos o enfermos, cuando en realidad todos habían sido “seleccionados” porque estaban perfectamente sanos y la mayoría de ellos tenía padres o familiares cercanos que podían cuidarlos.
Ese fue apenas el principio del escándalo. En los siguientes días, meses y años, el episodio provocaría fuertes tensiones diplomáticas, negociaciones no muy claras entre los gobiernos de Francia y de Chad, condenas judiciales imposibles de justificar por lo blandas y, fundamentalmente, una desconfianza que dificultó el accionar de un gran número de verdaderas organizaciones humanitarias que actuaban en diferentes países de África.
El Arca de Zoé
La ONG que sirvió de cobertura para la operación criminal era de creación reciente y no demasiado conocida. Se había presentado en sociedad dos años antes en Francia con el propósito declarado de proteger y defender los derechos de los niños afectados por el tsunami que había devastado a Indonesia el 26 de diciembre de 2004.
Se mostraba al mundo como un equipo humanitario formado por asistentes sociales, bomberos, enfermeros y médicos, entre otros profesionales, dedicados a ayudar a los menores de edad de todo el mundo. Y se autodefinía como una organización no gubernamental sin fines de lucro.
En ese contexto, en agosto de 2007, el gobierno de Sudán y las Naciones Unidas acordaron desplegar cerca de 26.000 efectivos para controlar la situación en Darfur.
Fue entonces cuando el Arca de Zoé vio su oportunidad y, con la ayuda del propio ejército francés, envió la misión que desembarcó en Chad, donde instaló una oficina llamada “Children Rescue” y comenzó sus maniobras para secuestrar a los niños que, al mismo tiempo, comenzó a “vender” en Francia.
Luego se descubriría que 358 familias francesas y norteamericanas, llegaron formularios y pagaron honorarios para recibir un niño que creían que adoptarían para salvar del infierno en Darfur, sin saber que en realidad iba a ser secuestrado en Chad.
Los chicos rescatados el 25 de octubre en el aeropuerto de Abéché eran los primeros 103 de los 10.000 que el Arca de Zoé tenía planificado vender.
FUENTE: «INFOBAE».