La localidad correntina de Saladas sigue conmocionada tras el grave hecho de violencia de género que tuvo como víctima a Mariela Ayala, un caso que adquirió repercusión en toda la provincia luego de que la mujer terminara hospitalizada con severas lesiones. El violento episodio se desencadenó tras una situación previa de abuso de autoridad laboral por parte de un comisario, quien intentó sobrepasarse con ella al besarla sin su consentimiento en presencia de quien era su pareja conviviente desde hacía catorce años. Este último reaccionó con un feroz ataque contra la mujer, que no solo le provocó un derrame en la zona ocular y fisuras en los cartílagos costales, sino que además la dejó al borde de la muerte, siendo rescatada por la intervención de su propio hijo de diez años al llegar a su hogar.
En diálogo con RADIO BELLA VISTA, Ayala aportó detalles minuciosos sobre la delicada y angustiante realidad que atraviesa desde el ataque. Con un evidente impacto emocional al evocar lo vivido, la víctima expuso con firmeza su malestar ante los tiempos judiciales. Explicó que la causa se tramita en la fiscalía de Saladas, a cargo de la fiscal Corbalán, pero lamentó que tras haber radicado la denuncia inicial no volvieron a citarla ni a convocarla desde ese ámbito. Paralelamente, confirmó que su expareja recuperó la libertad luego de abonar una fianza, por lo que actualmente realiza su vida cotidiana con total normalidad, sin que hasta el momento exista una condena firme.
Esta falta de celeridad judicial mantiene a Ayala sumida en un constante estado de alarma. Según detalló en la entrevista radial, el hecho de que el agresor circule libremente por las calles de la localidad le genera un temor permanente de volver a cruzárselo y sufrir un nuevo ataque. Aclaró que su reclamo no está motivado por un deseo de venganza, sino estrictamente por el pedido de justicia y por la imperiosa necesidad de que su voz y su situación no caigan en el olvido.
La mujer rememoró también los antecedentes dentro de los catorce años de relación con su atacante, revelando que tres años antes ya lo había denunciado por un episodio violento de menor magnitud. Si bien en aquella oportunidad conversaron, retomaron la convivencia y el vínculo continuó de manera aparentemente normal, reconoció que con el tiempo su expareja evidenciaba celos desmedidos, llegando al extremo de celarla con su propio cuñado, hasta desembocar en el brutal desenlace que la llevó a la internación y que, según sus propias palabras, le mostró una faceta que jamás le había conocido.
En la actualidad, Ayala reside junto a sus padres y sus hijos, encontrando en su círculo familiar el refugio y la contención indispensable para sobrellevar el momento. Respecto al entorno de su expareja, indicó que no mantiene contacto alguno, a excepción de una interacción estrictamente operativa con el padre del agresor por la administración de las llaves de la vivienda. En cuanto a la seguridad preventiva, destacó que la policía local realiza patrullajes y recorridas por la zona donde habita, además de recalcar que ha recibido el respaldo total de la institución policial y el acompañamiento de la comunidad saladeña, a pesar de que casi no sale a la vía pública por el miedo latente y por un sentimiento de vergüenza derivado de lo que le tocó atravesar.
A la par del tratamiento médico por sus lesiones físicas y del abordaje psicológico particular que continúa realizando junto a su hijo, la mujer se encuentra a la espera del alta médica definitiva para reintegrarse al ámbito laboral, con la certeza de que será reubicada en otro sector para garantizar su tranquilidad tras la remoción del comisario involucrado. Asimismo, mientras su abogada tramita los pedidos de audiencia pertinentes ante el juzgado para revertir la inacción en el expediente, familiares y allegados impulsan una campaña solidaria para recaudar fondos ante los gastos y la imposibilidad de trabajar, mediante la difusión de una cuenta a nombre de su hermana, Laura Ayala, bajo el alias , donde la comunidad puede realizar aportes para ayudarla a subsistir junto a sus pequeños hijos.