A 28 AÑOS DEL ATENTADO A LA AMIA: «USEMOS LA MEMORIA COMO FORMA DE JUSTICIA»

Así lo expresó Sofía Guterman, mamá de Andrea, una joven víctima del atentado a la AMIA aquel 18 de julio de 1994. «Estamos como al principio, a lo mejor ahí estábamos con más esperanzas. Había pasado el atentado a Israel y pensamos que con el mismo se iba a hacer algo, al principio el juez nos había prometido muchas cosa. Creíamos muchas cosas y luego después se fue tejiendo una trama oscura. Se averiguaron muchas cosas, pero siempre digo que AMIA es un hecho macabro y terminó con la muerte del fiscal de la causa, Alberto Nisman. Cada vez que damos un paso adelante, tenemos que retroceder muchos más», comentó en PUNTO DE VISTA.

Aquella mañana de julio de 1994, una camioneta Traffic blanca con entre 300 y 400 kilos de explosivos explotó a las 9:53 contra la sede de Pasteur. Era el segundo atentado terrorista que sufría el país después del ataque a la embajada de Israel, el 17 de marzo de 1992. «Pasaron 28 años, nos está cercando la vejez y yo desde el principio comencé dando charlas en las escuelas y fui ampliando mi recorrido, llegando a las escuelas más apartadas para sacar el número 85 y que la gente sienta empatía. Al mismo tiempo, escribí cinco libros y se regalaron, tengo un libro de poemas traducido a otros idiomas y musicalizado. Esto hace que se recupere la memoria de los muertos», señaló Guterman.

La Justicia estableció que el hecho estuvo a cargo de la organización terrorista Hezbollah, de vínculo con el gobierno de Irán. La investigación apunta ahora a dar con quienes tienen captura internacional e identificar al resto de los involucrados. «En realidad, pasaba algo muy penoso porque a tres meses del atentado Andrea soñaba que la querían matar, que era alguien que no tenía rostro y que no tenían nada para matarla pero lo querían hacer. Le decía que miraba mucho suspenso y eso trabajaba el subconsciente, pero me empecé a preocupar porque podría haber otro atentado en el país. Ella había encontrado otro trabajo en un jardín, se anotó en otros lugares y se fue a la bolsa de trabajos de la AMIA pero no sabemos si llegó porque cuando ingresó detonó la bomba», precisó.

Al ser consultada sobre las posibles amenazas sufridas, la mujer señaló que sufrió acoso psicológico durante mucho tiempo. «Me ha pasado que llamaban a la madrugada, me ponían la marcha fúnebre, sabía que tenía el teléfono intervenido porque no me podía comunicar y tuve que hacer una denuncia. Después hubo un tiempo de acoso psicológico que llamaban y se escuchaba una voz de una chica llorando que decía que la busque porque estaba viva. Me ponían la marcha fúnebre y respiraban profundo. A mi me entregaron las cosas de mi hija, estuve en su entierro. A uno con esa desesperación de que no haya sucedido así, se prende por cualquier cosa. No olvidemos esto, que usemos la memoria para que sea nuestra forma de justicia», finalizó.