La Iglesia “Luz de Vida” llevó adelante una jornada de prevención de adicciones en la Casa de la Cultura, con la participación de especialistas y referentes de distintas áreas. Durante el encuentro se abordaron el crecimiento del consumo de sustancias, la baja en la edad de inicio y, especialmente, la expansión de la ludopatía y los juegos en línea. Los disertantes remarcaron la necesidad de fortalecer el rol de las familias y articular acciones entre el Estado, las escuelas, las iglesias, los clubes y la Justicia.
La problemática de las adicciones volvió a ocupar el centro de la agenda comunitaria durante una jornada de prevención organizada por la Iglesia “Luz de Vida” en la Casa de la Cultura. La actividad reunió distintas miradas para abordar un fenómeno que, según los especialistas, presenta múltiples causas y requiere respuestas coordinadas.
Uno de los principales expositores fue Roberto Padilla, secretario de Prevención de Adicciones de Misiones, quien puso el foco en la necesidad de reconstruir los vínculos sociales y recuperar factores de protección que históricamente tuvieron un papel fundamental en la prevención.
“Una de las cosas que tenemos que hacer es un fuerte hincapié en ese tejido social que lastimosamente se sigue rompiendo y que genera que esos factores de protección, que muchas veces fueron importantes para nosotros, hoy carezcan de ese valor y ese sentido”, sostuvo.
En ese contexto, Padilla remarcó especialmente el papel de la familia. “Hay que poner en valor nuevamente el rol insustituible, por ejemplo, de la familia. La familia cumple un rol fundamental, insustituible, y el Estado jamás va a poder suplir ese rol”, afirmó.
Prevención: información, contención y oportunidades
El especialista planteó que las adicciones deben comprenderse como una problemática multicausal, por lo que la prevención no puede quedar exclusivamente en manos de un organismo determinado.
“Al ser una temática multicausal, todos podemos tener parte activa, sobre todo en la prevención”, explicó.
En ese sentido, consideró que el primer nivel de intervención debe estar orientado a generar contención, alternativas y oportunidades para niños, adolescentes y jóvenes.
“La prevención es ese paso fundamental de contención primaria, de ofrecer alternativas, de poder generar actividades, de poder generar oportunidades”, señaló.
Para Padilla, la información también cumple una función esencial: permitir que las familias y la comunidad reconozcan señales de alerta y comprendan que el problema puede estar mucho más cerca de lo que imaginan.
“Cuanto más información hay, cuanto más la gente se da cuenta de que esto está mucho más cerca de lo que uno se imagina, creo que ese mensaje y esa acción de prevención lo que hace es prender las alarmas”, afirmó.
Preocupa el crecimiento del consumo y la baja en la edad
Durante la jornada también se hizo referencia a la evolución de las estadísticas vinculadas al consumo de sustancias.
Padilla reconoció que el incremento del consumo y la disminución de la edad de inicio generan preocupación, al tiempo que planteó que el fenómeno también está relacionado con la existencia de una oferta de sustancias.
“Las estadísticas son en todo el país, de una situación que demuestra un crecimiento en el consumo. La baja de la edad también es una cuestión complicada”, sostuvo.
Y agregó: “Si la demanda está es porque la oferta también está”.
Frente a este escenario, destacó el papel que deben asumir las fuerzas de seguridad y el Poder Judicial, aunque aclaró que la respuesta no puede limitarse exclusivamente al aspecto punitivo.
“Las fuerzas cumplen un rol fundamental y obviamente que la Justicia no solamente en lo punitivo es fundamental, sino que la Justicia también es fundamental en el acompañamiento”, explicó.
Según Padilla, existen situaciones en las que una persona no accede voluntariamente a recibir ayuda y allí el sistema debe brindar herramientas a las familias para intervenir.
“A veces los casos ya exceden la búsqueda de una persona desde lo voluntario y la Justicia tiene que entender que desde esa involuntariedad también tiene que brindar las herramientas para que una familia tenga acceso a la ayuda”, señaló.
Por eso, insistió en la necesidad de una estrategia interdisciplinaria que involucre a los distintos poderes del Estado y a las instituciones de la sociedad.
“En lo interdisciplinario creo que está la fortaleza de poder trabajar en esta temática”, afirmó.
La otra adicción: preocupación por la ludopatía y los juegos online
Durante la jornada también tuvo un lugar destacado una problemática que, según los especialistas, permanece muchas veces oculta: la ludopatía, especialmente vinculada al crecimiento de las plataformas de juegos y apuestas en línea.
El médico cardiólogo Claudio Giménez explicó que el objetivo de su participación fue poner el foco sobre una adicción que puede desarrollarse dentro de los propios hogares sin que los adultos adviertan inmediatamente lo que está ocurriendo.
“Venimos a hablar un poco de adicciones, en especial de esta adicción tan invisible como es la ludopatía. Cada vez hay más juegos en línea y poco contralor”, manifestó.
En ese sentido, llamó directamente a los padres y tutores a involucrarse en el uso que los adolescentes hacen de sus teléfonos celulares, particularmente durante la noche.
“Vinimos a prender las luces, especialmente en las familias. Que sean las familias, sean los padres, sean los tutores los que estén a cargo del tiempo que el chico pasa con el celular”, sostuvo.
Adolescentes conectados durante la madrugada
Giménez puso especial atención en los hábitos de los jóvenes que permanecen durante horas conectados a dispositivos electrónicos durante la madrugada.
“Hay muchos chicos pasando horas con el celular en la madrugada y eso ha bajado el rendimiento en las escuelas. Se nota que los chicos llegan dormidos, tienen déficit de atención”, explicó.
Para el médico, el problema no debe ser abordado únicamente desde las instituciones educativas, sino que requiere una participación activa de los adultos responsables.
“Creemos que los papás, las familias, somos los responsables de atender un poquito qué están haciendo nuestros jóvenes y nuestros adolescentes por las madrugadas”, afirmó.
La preocupación aumenta ante la facilidad de acceso a juegos y apuestas desde los propios teléfonos celulares, sin necesidad de trasladarse físicamente a un lugar determinado.
La ludopatía también puede afectar la economía familiar
El especialista advirtió además que la problemática puede trascender el aspecto psicológico y terminar impactando directamente en la economía de las familias.
Según explicó, una persona que comienza a involucrarse progresivamente en el juego puede necesitar cada vez más dinero para continuar apostando.
“El chico que empieza a jugar y entra en toda esta situación de juego empieza a necesitar dinero y por un tiempo el dinero es provisto por el padre, pero después necesita más dinero y empieza a obtenerlo de otra forma”, señaló.
Giménez consideró que hablar de ludopatía resulta particularmente necesario porque se trata de una problemática de la que todavía se habla poco.
“Hablar de ludopatía en este tiempo es una adicción invisible, se habla poco de esto”, afirmó.
Si bien existen canales de asistencia y orientación para quienes atraviesan este tipo de situaciones, el médico insistió en que la prevención debe comenzar dentro del hogar.
“La idea hoy de esta charla fue encender las luces en las casas, para que los padres empiecen a prestar atención. No esperar que otros ayuden, sino que empecemos nosotros por casa”, remarcó.
Recuperar el juego y el encuentro cara a cara
Frente al avance de las pantallas y las actividades digitales, Giménez también planteó recuperar espacios de encuentro presencial y actividad física.
Su propuesta apunta especialmente a los clubes, organizaciones sociales y deportivas, que pueden funcionar como espacios de prevención.
“La idea, por ejemplo, en los clubes y en las organizaciones es que inviten a que haya más actividad al aire libre. Que el chico salga del interior de su casa, que salga un poco de las redes”, explicó.
El médico recurrió a una comparación para describir el cambio en los hábitos de niños y adolescentes. Recordó que anteriormente era frecuente que los chicos jugaran en patios, plazas, calles o campos y regresaran a sus casas con raspones y cicatrices producto de esas actividades.
“Ahora se ven cada vez menos chicos con cicatrices en las piernas, en los brazos. Antes teníamos mucho más porque jugábamos en el patio, en el campo”, señaló.
Pero advirtió que la ausencia de esas marcas físicas puede estar dando paso a otro tipo de consecuencias.
“Creo que vamos a empezar a ver cicatrices sociales, cicatrices mentales”, sostuvo.
Por eso, llamó a recuperar actividades simples y accesibles: “Invitá a tus jóvenes y adolescentes a jugar en la plaza, a jugar en la cancha. Esa sería una medida preventiva”.
El rol de la fe y los valores
La jornada también incorporó una mirada desde la fe y el trabajo comunitario de las instituciones religiosas.
Giménez consideró que la prevención debe incluir también la recuperación de valores y el acompañamiento que pueden brindar las comunidades religiosas.
En ese sentido, hizo referencia a la Biblia como una guía para el trabajo familiar y citó el pasaje de Proverbios 22 referido a la formación de los niños.
“Volver a reflotar los valores es interesantísimo”, afirmó.
Para el médico, ninguna institución puede enfrentar por sí sola una problemática tan compleja.
“En esto de la prevención debería estar la escuela, debería estar la iglesia, deberían estar los clubes, porque si lo hacemos juntos o no salimos adelante”, concluyó.