CIENTÍFICOS DEL CONICET DESARROLLAN ALTERNATIVAS PARA TRABAJAR EN EL ESTUDIO DE ANIMALES

Dos investigadores del Conicet que trabajan en Puerto Madryn con invertebrados marinos buscan métodos que permitan reducir el daño a los animales al momento de utilizarlos como sujetos de estudio en los laboratorios. Aunque existen guías éticas de larga data para trabajar con distintas especies, en general, la comunidad suele tratarlos como objetos y los emplea indiscriminadamente. Por eso, los biólogos Augusto Crespi y Tamara Rubilar proponen un nuevo abordaje para cambiar la concepción utilitarista y generar prácticas basadas en el cuidado del ambiente, la naturaleza y los seres que la habitan.

“Para poder estudiar los mecanismos de regeneración de las estrellas de mar, tenía que cortarles un brazo. La bibliografía que utilizaba en ese momento decía que para hacerlo tenía que construir una picana e incluso había un instructivo para armarla. Me negué a utilizar una herramienta de tortura para hacer ciencia y busqué otra forma”, cuenta Tamara Rubilar, investigadora del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (Cesimar-Conicet). Como alternativa, la científica utilizó clips de librería para simular el agarre de una pinza de cangrejo, una situación que sí sucede en la naturaleza. Después de un rato, la estrella liberó su brazo.

Al origen de su replanteo ético, los investigadores se comunicaron con profesionales de diferentes disciplinas para pensar alternativas que permitan aplacar el sufrimiento que causan a sus sujetos de estudio. Así, consultaron a una veterinaria y a una anestesióloga para ver qué drogas podían utilizar para disminuir el dolor, hasta que desarrollaron un método.

“En la práctica trabajamos con la menor cantidad de animales y desarrollamos algunos métodos no letales para investigar y técnicas para evaluar el estado reproductivo de la especie sin generar una matanza como se hacía normalmente. En erizos de mar funciona. Ahora queremos incentivar a que otros la adapten para estudiar otras especies”, explica Rubilar.

Sin embargo, el concepto de bienestar animal no solo se aplica al momento del experimento. En este sentido, los científicos toman los recaudos suficientes y alojan a los animales en lugares adecuados, sin hacinarse, con buena cantidad y calidad de agua. Además del respeto y la responsabilidad, no tenerlos en buenas condiciones repercute en la investigación porque el organismo se encuentra en un contexto de estrés y eso altera los resultados. “En el caso de los erizos de mar, por ejemplo, si están estresados no producen huevos”, remarca la investigadora.

FUENTE: PÁGINA 12.