El agua es un elemento esencial para los humanos. Sin ella no hay posibilidades de supervivencia. Pero además es primordial para que la humanidad desarrolle sus actividades, ya que un 70% del agua a nivel global es utilizada para el riego. Y pese a que se la puede considerar como un recursos renovable, lo cierto es que, en realidad, es limitada. Con esto en mente, la Fundación Bunge y Born presentó, con motivo del Día Internacional del agua, un mapa de las carencias hídricas en la Argentina; en el cual relevó que el 17% de los argentinos vive en ciudades con una provisión de agua “muy comprometida”.
Mediante la Plataforma Aguas Claras, la fundación buscó relevar, cuantificar y mapear los dos servicios hídricos más críticos para la sociedad: la provisión de agua potable y la depuración de aguas servidas. Con un 77,5% de las ciudades argentinas analizadas, científicos del CONICET, INTA e INA, pertenecientes a 12 centros ubicados en todas las grandes regiones de Argentina, advirtieron que un “41% de la población vive en ciudades con provisión segura a muy segura, un 42% en ciudades con provisión algo comprometida y un 17% en ciudades muy comprometidas”.
“Argentina enfrenta desafíos hídricos diversos y, en ocasiones, de signos opuestos; propios de una geografía de contrastes”, aseguró a Infobae el ingeniero agrónomo Esteban Gabriel Jobbágy Gampel, investigador Superior del CONICET del Grupo de Estudios Ambientales (GEA), de la Universidad de San Luis. En ese sentido, el especialista destacó que “detrás de estos desafíos es común encontrar los efectos combinados del cambio climático, las transformaciones del uso de la tierra y el crecimiento de las ciudades”.
En palabras del investigador del CONICET, un ejemplo de estos desafíos está presente en las regiones pampeanas y chaqueñas cuando, ante el aumento en la intensidad de las lluvias relacionadas con el cambio climático, los paisajes cultivados no logran absorber el agua y provocan inundaciones extendidas que afectan y generan daños a pueblos y rutas. En contraposición, las sequías que se extienden por meses provocan bajantes en los ríos, como ocurrió en el Paraná, que compromete tanto el transporte, como la toma de de agua potable o, incluso, la generación de energía hidroeléctrica.
Pero eso no es todo, según señaló Jobbágy Gampel, la calidad del agua también es un “foco de preocupación”. “Naturalmente tenemos aguas subterráneas con alta carga de arsénico en las llanuras y eso es una pesadilla crónica para el abastecimiento de agua potable en muchos centros urbanos medianos y pequeños que todavía dependen exclusivamente de ese recurso”, resaltó el experto. Al tiempo que alertó que, además, se suma la contaminación que los propios humanos generamos sobre este recurso esencial.
“Dañamos con las aguas servidas rurales, industriales y domésticas a los ecosistemas acuáticos y su vida silvestre y deterioramos aguas almacenadas para nuestro consumo”, destacó el experto; siendo que un ejemplo de esta situación, según explicó, son “los brotes de algas tóxicas en embalses que abastecen ciudades”.
FUENTE: «INFOBAE».