El maratonista Javier Zanino contó en RADIO BELLA VISTA cómo se llevó adelante una nueva edición del Corre-Peregrinos, la tradicional actividad que cada año une Bella Vista con Itatí llevando la imagen de la Virgen del Carmen. Con la participación de decenas de vecinos, el recorrido volvió a reunir fe, deporte y agradecimiento.
Zanino explicó que esta iniciativa se realiza “por una lección de vida, por fe, para agradecer y también para entender el esfuerzo desde la convicción y el amor”. Esta sexta edición volvió a convocar a corredores, caminantes y colaboradores que se sumaron en diferentes tramos con un único objetivo común: honrar a la Virgen.
El maratonista recordó que, incluso en pandemia, se mantuvo el espíritu del evento, uniendo las parroquias locales cuando no pudo realizarse el viaje a Itatí. Con el paso del tiempo, la imagen ya acumula cientos de kilómetros recorridos. “La idea siempre es que sea llevada corriendo o caminando. Cada uno tiene su procesión y su forma de vivirlo, pero lo que nos une es la fe”, contó.
Durante el trayecto, numerosos grupos se sumaron en distintas localidades como Cuatro Bocas, El Sombrero, San Lorenzo y Empedrado. Uno de los momentos más emotivos se vivió al recordar a Marcelo Soria, un corredor que ya no está, con una entrega especial a su familia. En Corrientes Capital, como cada año, voluntarios recibieron a los participantes con mesas de frutas, dulces, bebidas y apoyo constante. “Es difícil explicar lo que se vive en 24 o 25 horas de recorrido”, expresó Zanino, destacando que la caravana llegó a reunir cerca de 100 personas entre corredores y asistentes.
Respecto a la dinámica de participación, explicó que no existe una distancia obligatoria. Cada corredor elige cuántos kilómetros hacer, según su estado y su motivación. “No hay presión. Esto no es competencia; es fe, agradecimiento, conexión con la Virgen. Algunos corren 3, 5 o más kilómetros. Otros piden continuar un poco más. Todo se respeta”, señaló.
Zanino comentó que, por seguridad y organización, siempre hay un vehículo de acompañamiento y una planificación para administrar el esfuerzo, especialmente en los tramos nocturnos. También destacó que el crecimiento del grupo permitió que, en su caso personal, corriera menos que en otros años: “El primer año llegué a hacer entre 80 y 100 kilómetros. Hoy corro menos de 50 porque cada vez se suman más personas”.
El maratonista subrayó el desgaste que implica acompañar el recorrido completo, ya que muchos no duermen, manejan vehículos de apoyo, preparan alimento, luces y elementos de seguridad para cada tramo. Sin embargo, afirmó que el esfuerzo vale la pena por el clima de fe y la emoción compartida.
La sexta edición del Corre-Peregrinos volvió a dejar en claro que esta experiencia, lejos de ser una competencia, se sostiene en el amor, la devoción y el compromiso de una comunidad que año tras año elige peregrinar corriendo para honrar a la Virgen del Carmen.