El ingeniero Federico Carcaño habló con CABLEINFORMA sobre la difícil situación que atraviesa la Cooperativa Citrícola de Bella Vista, que decidió cerrar su galpón de empaque luego de seis años de funcionamiento. La medida responde a la fuerte caída de la actividad, provocada por la falta de rentabilidad, los efectos de fenómenos climáticos y la reducción sostenida de la superficie cultivada con limón.
Carcaño explicó que la cooperativa resolvió desalquilar el galpón donde desarrollaba sus tareas y trasladar toda la maquinaria a otro establecimiento perteneciente a productores citrícolas, con el objetivo de preservarla mientras se define el futuro de la entidad.
«Son máquinas muy costosas que nos llevó mucho tiempo adquirir. Ahora queremos reestructurar la cooperativa y analizar qué nuevos objetivos podemos tener para seguir trabajando con las pocas hectáreas que todavía quedan», señaló.
La producción cayó de 240 a apenas 60 hectáreas
El ingeniero detalló que la cooperativa llegó a reunir 14 productores y administró cerca de 240 hectáreas de limón, pero actualmente esa superficie se redujo a entre 60 y 70 hectáreas, debido al abandono progresivo de la actividad.
«Muchos integrantes dejaron de producir porque ya no era rentable. Como cualquier negocio, si no genera ingresos, llega un momento en que no se puede sostener», afirmó.
Además de los socios, el funcionamiento del galpón generaba empleo para embaladores, cosecheros y personal de empaque, puestos de trabajo que también se vieron afectados por el cierre.
Rentabilidad, clima y costos crecientes
Carcaño atribuyó la crisis a una combinación de factores que se profundizó en los últimos años.
«El bajo valor del limón, los tornados y los problemas climáticos hicieron que la actividad citrícola fuera perdiendo capacidad de trabajo. Llegó un momento en que ya no podíamos sostener los costos del galpón, como la energía eléctrica y el mantenimiento, porque el volumen de fruta era cada vez menor», explicó.
Durante el último año la cooperativa intentó mantener las instalaciones prestando servicios de empaque a otros productores, aunque esa alternativa tampoco logró garantizar su continuidad.
Buscan trabajar junto a otra cooperativa
Frente a este escenario, una de las posibilidades que analizan es coordinar acciones con otra cooperativa citrícola de la zona.
Carcaño indicó que ambas entidades atraviesan dificultades similares, aunque la otra organización cuenta con un galpón propio, lo que le permite sostener parte de la actividad.
«Iremos conversando para ver cómo podemos trabajar juntos, sumar nuevos integrantes y encontrar una forma de seguir adelante», manifestó.
Productores abandonan la actividad
El ingeniero explicó que la disminución de la superficie cultivada responde tanto a la reconversión productiva como al abandono definitivo de la actividad agropecuaria por parte de algunos productores.
«Hay quienes apostaron a otras producciones y otros directamente dejaron el campo porque la economía regional viene sufriendo desde hace varios años. Hoy muchos productores sienten que están sobreviviendo más que trabajando», expresó.
También advirtió sobre la falta de recambio generacional en la citricultura.
«No vemos jóvenes que quieran continuar con esta actividad. Ellos crecieron viendo las dificultades que atravesaron sus padres para producir, vender la fruta y negociar con la industria, por eso muchos eligen otros caminos», lamentó.
El precio del limón no alcanza para cubrir los costos
Carcaño aseguró que el precio que actualmente recibe el productor es insuficiente para sostener la actividad.
«Hoy el kilo de limón se paga alrededor de 60 pesos al productor y eso no cubre ni la mitad del costo de producción», afirmó.
Según explicó, esa situación provocará que una parte importante de la fruta ni siquiera sea cosechada, ya que muchos pequeños productores no cuentan con los recursos necesarios para afrontar los gastos de cosecha y transporte hacia la industria.
«La mitad de la producción de los pequeños productores probablemente quede en el campo porque no tienen dinero para iniciar la cosecha ni para pagar el flete. Algunos pueden esperar el pago de la industria a 30 días, pero la mayoría no tiene esa posibilidad», señaló.
Finalmente, indicó que los valores pagados por la industria son similares a los de otras provincias productoras, aunque los grandes establecimientos logran obtener mejores condiciones gracias al volumen de producción.
«En nuestra zona predominan los pequeños y medianos productores. No tenemos volumen suficiente para negociar un mejor precio y terminamos aceptando el valor que nos ofrecen», concluyó.