PIDEN INVESTIGAR PERSONAS INFILTRADAS EN LOS SECUESTROS DE LAS FUNDADORAS DE PLAZA DE MAYO

En diciembre se cumplirán 45 años desde que sus madres fueron secuestradas por un grupo de tareas y llevadas a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde fueron torturadas hasta ser trasladadas en un vuelo de la muerte. Sus cuerpos fueron enterrados como NN en el cementerio de General Lavalle. Pese a los años transcurridos y al camino hecho, Mabel Careaga y Cecilia De Vincenti sienten que aún les resta saber mucho sobre lo ocurrido con las dos fundadoras de Madres de Plaza de Mayo. Las dos mujeres se presentaron ante el juez federal Ariel Lijo para que investigue si la espía estuvo involucrada en las desapariciones de Esther Balestrino de Careaga y de Azucena Villaflor de De Vincenti.

Entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977, fueron secuestradas doce personas que se reunían en la Iglesia de la Santa Cruz para coordinar las tareas para buscar a sus familiares desaparecidos. Entre ellos se infiltró el capitán Alfredo Astiz, simulando ser hermano de un detenido-desaparecido. Astiz –bajo el nombre de Gustavo Niño– se ganó la confianza de las Madres, que lo cuidaban como a un hijo más y solían recomendarle que no se expusiera. Astiz logró adentrarse y saber que ese 8 de diciembre se iban a reunir en la iglesia de la calle Estados Unidos para juntar fondos para pagar una solicitada que iban a publicar en el diario La Nación. A Azucena Villaflor la secuestraron dos días después en Sarandí cuando había salido a comprar el periódico.

Sin embargo, Astiz no fue el único integrante de las fuerzas represivas que se mezcló entre los militantes. El legajo de una exintegrante del Cuerpo de Informaciones de la PFA demuestra que ella estuvo infiltrada en lo que la fuerza llamaba “Madres de Terroristas”. A la mujer también la mencionó un exmiembro de la PFA, Luis Alberto “Japonés” Martínez, que la vinculó a los secuestros de la iglesia de la Santa Cruz. En 1981, desde Suiza, Martínez habló de “Isabelita” como una mujer que el Cuerpo tenía infiltrada en los grupos de activistas de derechos humanos. En el legajo de la mujer, figura que había sido mencionada en una denuncia hecha por un exintegrante de las fuerzas en el exterior.

Con estos elementos, Careaga y De Vincenti –junto con los abogados Luis Alén y Mariano Duhalde– pidieron a la justicia que investigue a Isabel Correa. La exagente ya había sido denunciada en 2013 por la entonces ministra de Seguridad Nilda Garré después de que el Grupo Especial de Relevamiento Documental (GERD) hallara su legajo. El juez Sergio Torres dispuso una serie de medidas pero, al no encontrar elementos concluyentes, archivó parcialmente la investigación.

El juez Lijo está recabando información que le permita entender el rol que jugó la infiltrada dentro del Cuerpo de Informaciones. Después de la dictadura, Isabelita pasó al Departamento de Protección del Orden Constitucional (POC), que tuvo como primer jefe al represor Pedro Santiago Godoy –uno de los espías policiales que se deshizo en halagos hacia la mujer cuando le tocó calificarla–. Fue, además, una de las elegidas por el procurador Andrés D’Alessio para investigar el ataque a La Tablada y, a mediados de los ‘90, participó de una serie de detenciones de militantes. Para dar con ellos, los espías de la PFA volvieron a infiltrarse en marchas de las Madres de Plaza de Mayo porque las consideraban un “caldo de cultivo”. Con los años, se convirtió en la jefa de estudios de la Escuela Federal de Inteligencia –donde se formaban los efectivos de la PFA que se iban a dedicar a esa especialidad–. Pasó a retiro a los pocos meses de que asumiera Néstor Kirchner.

FUENTE: PÁGINA 12.

Abrir chat
1
HOLA.
BIENVENIDO A LA RADIO DE TU CIUDAD