En 1997, Gabriel Ulfeldt fue a la isla con su padre Alejandro y un amigo a conseguir maderas para abastecerse. Por su seguridad, siempre llevaban un arma consigo y aprovecharon el regreso para cazar carpinchos. El tercer hombre, tomó el revólver y disparó: fue en ese leve sonido en el que la vida de Gabriel cambió para siempre. Recibió un disparo que lo dejaría cuadripléjico. «En el año 1997 recibí un disparo en el cuello de forma accidental. Eso me causó una lesión en la parte motora y posterior cuadriplejia total. Con el pasar del tiempo, comencé a recuperarme. Tuve una experiencia linda en la secundaria con compañeros y docentes que me ayudaron en todo. Tuve el apoyo de toda la escuela. Luego, comencé a trabajar en el aserradero con mi padre y comencé el trabajo de carpintería porque siempre me gustó la creación», comentó el protagonista en PRIMERA MAÑANA.
Este medio, se acercó a su taller para conocer detalles de la vida que atravesó luego del accidente. Gabriel, con entusiasmo, recibió al móvil de exteriores mientras trabajaba arduamente en su taller en uno de los innumerables trabajos que realizó durante toda su vida gracias al ímpetu palpable de su padre. «La verdad es que a veces uno tiene dificultades económicas pero tiene que salir adelante. Básicamente, la secuela que me quedó es la mano derecha casi imposibilitada. Además, ando con bastón y ahora me conseguí una silla de ruedas para desplazarme mucho más. El límite lo ponemos nosotros, no hay límites para nada. Antes caminaba con andador y tengo toda la parte derecha debilitada. Los médicos me dijeron que las secuelas ya no tendrán solución», explicó.
A pesar del accidente, la vida de Gabriel continuó con algunas dificultades pero siempre con la convicción firme de trabajar para ganarse la vida dignamente, tal como se lo transmite a sus tres hijas. «Fuimos a la isla a buscar madera con mi viejo porque toda la vida nos abastecimos así. Fuimos, a la tarde noche después de cargar toda la madera, regresamos y veníamos cazando carpinchos. Vemos a uno, como llevábamos el revólver, un amigo mío tomó el arma, en ese momento yo estaba mirando todo y sentí un ‘tac’. No se me cruzó por la cabeza que recibí un disparo. A mí no es que me impactó directamente en la médula, pasó por el costado. Eso me causó un coagulo de sangre y me presionó la médula. Tuvieron que reconstruir parte de las vértebras que quedaron astilladas. Actualmente cobro mi pensión por discapacidad y hago el trabajo de carpintería para sobrellevar la situación económica», resaltó.