Una investigación de la UNNE busca detectar qué sustancias se agregan a la marihuana durante el narcomenudeo

El proyecto se desarrolla en el Instituto de Ciencias Criminalísticas y Criminología y utiliza Microscopía Electrónica de Barrido para analizar muestras de cannabis secuestradas en Corrientes. Sus resultados podrían aportar información tanto para la salud pública como para las investigaciones judiciales.

Un proyecto de investigación desarrollado por el Instituto de Ciencias Criminalísticas y Criminología de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) busca determinar qué sustancias son incorporadas al cannabis durante la última etapa de su comercialización, particularmente en el narcomenudeo de la ciudad de Corrientes.

El trabajo, denominado “Uso de la Microscopía Electrónica de Barrido para la determinación de sustancias adulterantes en muestras de Cannabis sativa L. secuestradas del narcomenudeo en la ciudad de Corrientes”, es dirigido por la magíster Gisela Forlin y codirigido por el magíster Sebastián Streuli.

La investigación parte de una pregunta concreta: ¿qué contiene realmente la marihuana que llega al consumidor final? Para responderla, el equipo busca identificar científicamente la presencia de materiales o sustancias que puedan haber sido incorporados durante la etapa de venta al menudeo para incrementar el volumen o el peso del producto.

En diálogo con ÑANDE CABLE, Streuli explicó que el proyecto atraviesa actualmente su segunda etapa. Durante el año pasado, el equipo trabajó en la elaboración de un primer patrón de cotejo a partir de una planta de cannabis cuya composición conocían y que utilizaron como referencia para las posteriores comparaciones.

“Lo que hicimos fue generar nuestro primer patrón de cotejo para poder después comparar las muestras secuestradas de marihuana”, explicó el investigador.

A partir de ese patrón, comenzaron a analizar muestras provenientes de distintos procedimientos realizados en la región. En una primera instancia se estudiaron secuestros realizados en zonas cercanas al río Paraná, como Itatí, San Cosme y Paso de la Patria, consideradas dentro de la investigación como muestras correspondientes a una etapa más cercana a la materia prima.

La segunda etapa apunta ahora al último eslabón de la cadena: el producto que llega directamente al consumidor.

“En esta instancia lo que estamos haciendo es analizar ya en el último eslabón, que es la venta en el narcomenudeo, el comúnmente llamado porro, la bochita de marihuana que se vende”, señaló Streuli.

De los mitos urbanos a la evidencia científica

Uno de los aspectos que impulsó el proyecto fue la necesidad de transformar en evidencia científica algunas afirmaciones que circulan socialmente acerca de la adulteración de distintas sustancias.

“Tomamos estos mitos urbanos que todos escuchamos, que todos conocemos, que se dice así, como es en la cocaína que se le agregan sustancias extra. Nosotros lo que queremos hacer es comprobar científicamente si eso es así o no”, explicó el especialista.

Sin embargo, el objetivo de la investigación no se limita a determinar si existe o no adulteración. El equipo pretende identificar concretamente qué materiales aparecen en las muestras y con qué frecuencia, para posteriormente comparar los resultados según el lugar y las circunstancias en que se produjo cada secuestro.

El proyecto contempla tres objetivos centrales: determinar la presencia de sustancias agregadas a partir de las características físicas de las partículas observadas; comparar estadísticamente las diferentes muestras; y elaborar un catálogo de imágenes de los materiales identificados.

Una de las hipótesis que se busca comprobar sostiene que las muestras procedentes del narcomenudeo dentro de la ciudad presentan una mayor cantidad de materiales agregados que aquellas secuestradas en etapas anteriores de la cadena de comercialización.

Hongos, ácaros y plástico entre los primeros hallazgos

Los primeros análisis realizados por el equipo ya permitieron encontrar elementos que no esperaban hallar.

“Nos pasó que en esas primeras muestras que analizamos el año pasado, donde nosotros creíamos que íbamos a encontrar solamente marihuana, encontramos otras sustancias como, por ejemplo, hongos, encontramos ácaros, encontramos restos de plástico”, relató Streuli.

El investigador aclaró que estos elementos no necesariamente constituyen sustancias adulterantes en el sentido estricto que busca determinar el proyecto, pero su presencia llamó la atención del equipo.

El hallazgo adquiere además relevancia desde el punto de vista sanitario, debido a que cualquier material presente en el producto podría terminar siendo incorporado al organismo cuando el cannabis es consumido mediante combustión.

“Si lo fuma, todas esas sustancias las termina inhalando e incorporando al organismo”, explicó.

De esta manera, el proyecto pretende generar información que permita conocer con mayor precisión qué materiales acompañan al cannabis que circula en el mercado ilegal y aportar datos que puedan ser considerados en futuras investigaciones vinculadas con la salud pública.

Una herramienta forense con un enfoque diferente

Uno de los aspectos distintivos de la investigación es la metodología empleada. Si bien existen antecedentes de estudios sobre adulteración de cannabis en diferentes partes del mundo, Streuli señaló que muchos de ellos se desarrollaron desde perspectivas químicas, médicas o botánicas.

La propuesta de la UNNE incorpora una mirada específicamente criminalística y forense, utilizando Microscopía Electrónica de Barrido (MEB).

A diferencia de un microscopio óptico convencional, el equipo utiliza un haz de electrones para obtener imágenes de la superficie de las muestras con un nivel de magnificación mucho mayor. Según explicó Streuli, los investigadores trabajan con observaciones que parten aproximadamente de los 1.500 aumentos en adelante, lo que permite estudiar características que no pueden apreciarse mediante un microscopio convencional.

“Nosotros hacemos una visualización física, no tenemos ningún tipo de sustancia química que adultere la muestra”, destacó.

En este sentido, la metodología permite observar directamente las características morfológicas de las partículas presentes en las muestras y establecer comparaciones con los patrones de referencia.

El aporte a la Justicia

Además de su valor científico y sanitario, la investigación podría tener una aplicación concreta en el ámbito judicial.

Streuli explicó que, en determinadas investigaciones por narcomenudeo, durante los allanamientos puede ocurrir que los responsables descarten la sustancia estupefaciente antes de la llegada de las fuerzas de seguridad. Sin embargo, pueden permanecer otros elementos vinculados con la preparación y comercialización.

Si la investigación logra establecer qué materiales aparecen de manera asociada a las muestras de cannabis comercializadas al menudeo, esos elementos podrían convertirse eventualmente en indicios complementarios dentro de una investigación judicial, siempre junto con el resto de la evidencia disponible.

“Eso le va a servir a la Justicia como indicio, como elemento probatorio para confirmar que ahí sí se están produciendo las bochitas de marihuana, el porro, para después venderlo en el narcomenudeo”, sostuvo.

Para garantizar la validez de los resultados, el equipo trabaja con muestras provenientes de causas judiciales y procedimientos realizados por fuerzas de seguridad. Una vez que las muestras son certificadas como cannabis, los investigadores solicitan acceder a una porción antes de que sean destruidas mediante los procedimientos correspondientes.

Actualmente cuentan con tres causas y tres muestras de narcomenudeo y buscan ampliar el número hasta alcanzar al menos seis o siete muestras para profundizar el análisis.

Una investigación que busca generar antecedentes regionales

El proyecto tiene además una particularidad: según sus investigadores, no existen antecedentes regionales que hayan estudiado específicamente esta problemática desde la criminalística mediante Microscopía Electrónica de Barrido.

El equipo directo está integrado por cuatro personas: dos docentes investigadores y dos becarios, estudiantes avanzados de la carrera. A ellos se suma el personal especializado del Centro de Microscopía de la UNNE, donde se encuentra el equipamiento necesario para realizar los estudios.

“En el Instituto de Criminalística no tenemos el microscopio de barrido electrónico. Nos tenemos que ir hasta el Centro de Microscopía de la UNNE”, explicó Streuli.

De esta manera, el proyecto también supone un trabajo interdisciplinario entre especialistas en criminalística y profesionales vinculados al funcionamiento del equipamiento de microscopía.

Resultados antes de fin de año

El investigador adelantó que el equipo espera contar con resultados concretos durante los próximos meses.

“Antes de fin de año sí o sí la vamos a tener resultados”, afirmó Streuli, aunque aclaró que posiblemente para entonces no se haya completado el análisis de la totalidad de las muestras.

La expectativa es que, con los primeros resultados consolidados, puedan comenzar a volcar los datos obtenidos en un artículo científico, dando a conocer las primeras conclusiones sobre la presencia de materiales agregados en el cannabis comercializado mediante el narcomenudeo en Corrientes.