¿EXISTE UNA “GENÉTICA DE LA POBREZA”? EL NUEVO CONCEPTO QUE REVOLUCIONA EL ACCESO A LA SALUD

Las desigualdades sociales no son inocuas, dejan marcas en las generaciones actuales y en las venideras y tienen un impacto directo en la salud pública de las sociedades. Tampoco lo son la desnutrición, la automedicación, el exceso de alcohol o el consumo de estupefacientes. Todas estas condiciones se meten “debajo de la piel” de las personas vulnerables, quienes se convertirán de manera inexorable en futuros pacientes, con sus organismos cargados de déficits nutricionales, de las consecuencias del sedentarismo y de enfermedades asociadas, que conformarán la genética de esas poblaciones pobres y vulnerables. Este combo impulsa el cambio del paradigma en torno de la mirada de la medicina.

En el estudio se hizo el seguimiento de un grupo de más de 4.500 de niños y adolescentes por 20 años, hasta que llegaron a una edad adulta de entre 30 y 35 años. Entonces, se les extrajo sangre y vieron que muchos tenían genes que en la actualidad los científicos saben que están relacionados con enfermedades autoinmunes, distintos tipos de cáncer, hipertensión arterial, diabetes y con organismos que poseen escasas posibilidades de respuesta para combatir enfermedades virales.

El cardiólogo argentino Oscar Cingolani puso en contexto este tema. El experto es profesor de medicina y director del Centro de Hipertensión Arterial y de la Unidad de Cuidados Críticos (UCC) Cardiovasculares del Hospital Johns Hopkins, en Baltimore, Estados Unidos, uno de los hospitales universitarios más reconocidos del mundo y que ocupó un rol protagónico durante la pandemia. El planteo de Cingolani sirve para tirar de un hilo en una vasta trama: ¿Se modifica el ADN de las personas por vivir en clases más vulnerables y pobres? Si es así, ¿por qué ocurre y qué significa? Este abordaje se está convirtiendo en una suerte de boom en el debate en torno del acceso a la salud y la investigación científica.

Los expertos están comenzando a analizar de qué manera vivir en la pobreza predispone a cambios en la genética de cada invividuo y deja expuestas a las personas a desarrollar enfermedades crónicas en la adultez. ¿Qué harán la ciencia y los estados con esas sociedades enfermas y, a la vez, más añosas? ¿Cómo la medicina moderna enfrenta esa “tormenta perfecta” en los barrios más vulnerables donde las personas con una carga genética desfavorable se enferman más porque entre otras variables existen altos índices de obesidad y más hacinamiento?

El paper publicado en PNAS y que rescató Cingolani se basó en un estudio poblacional que analizó la expresión génica en la sangre periférica de adultos jóvenes de Estados Unidos, con un promedio de edad de 30 a 35 años. El resultado reveló desigualdades basadas en el estatus socioeconómico y en los fundamentos moleculares de las afecciones crónicas más comunes del envejecimiento. Las asociaciones involucraron vías inmunitarias, inflamatorias, ribosómicas y metabólicas, y señalización extracelular e intracelular. El índice de masa corporal fue un mediador plausible y considerable de muchas asociaciones.

“Los resultados apuntan a nuevas formas de pensar sobre cómo las desigualdades sociales ‘se meten debajo de la piel’ y también exigen esfuerzos renovados para prevenir las condiciones crónicas del envejecimiento décadas antes del diagnóstico”, dijeron los autores del estudio, pertenecientes al Centro Jacobs para el Desarrollo Productivo de la Juventud de la Universidad de Zúrich, Suiza; la Escuela de Medicina d la Universidad de California, Los Ángeles; el Centro de Población de Carolina de la Universidad de Carolina del Norte y el Departamento de Sociología de la Universidad de Texas.

Entre otras conclusiones, los expertos señalaron que muchas enfermedades crónicas comunes del envejecimiento se asocian negativamente con el nivel socioeconómico (SES, por sus siglas en inglés). El estudio examinó si ya se pueden observar desigualdades en los fundamentos moleculares de tales enfermedades en la década de los 30 años, antes de que muchas de ellas se vuelvan prevalentes.

Los datos tomados por los especialistas provienen del Estudio Longitudinal Nacional de Salud de Adolescentes a Adultos (Add Health) de Estados Unidos y surgen de una muestra grande de más de 4.500 personas, y representativa a nivel nacional de personas estadounidenses indoamericanos que fueron seguidos durante más de dos décadas a partir de la adolescencia.

Los análisis destacan las desigualdades basadas en el SES que se expresan en las vías inmunitarias, inflamatorias, ribosómicas y metabólicas, varias de las cuales desempeñan un papel central en la senescencia. Muchos genes también están involucrados en la transcripción, traducción y diversos mecanismos de señalización. Según los autores, “los modelos de efectos medios causales promedio sugieren que el índice de masa corporal juega un papel clave en la explicación de estas relaciones”. agregaron.

En este trabajo publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences de Estados Unidos (PNAS) hace pocos días, siguieron a un grupo de más de 4.500 adolescentes, niños adolescentes por 20 años y les sacaron sangre cuando ya tenían 30, 35 años. Así vieron que tenían genes en la sangre, porque hoy por hoy podemos medir cierta carga genética en una muestra de sangre y vieron que algunos tenían genes que actualmente sabemos que están relacionados con enfermedades autoinmunes, con cánceres, con hipertensión arterial, con diabetes, y con escasa respuesta para combatir enfermedades virales.

Cuando se fue hacia atrás en ese grupo de personas jóvenes que tenían esos genes particularmente relacionados con enfermedades crónicas se vio que habían crecido en un entorno sociocultural bajo, con pobreza, con bajos sueldos, con estrés, con ansiedad, con no poder pagar cuentas, o sea esto para mí fue algo como ¡guau!: Esto es la genética de la pobreza.

Según este artículo, haber crecido en un ambiente pobre, ya provoca cambios en la genética que lo predispondrán a tener enfermedades crónicas, con lo cual esto es lo que hoy llamamos “medicina personalizada” o “medicina de precisión”. Esta pista genética nos va a permitir en el futuro determinar en un joven qué genes tiene, de acuerdo a su background y también trabajar en darle más recursos a esa población desde pequeños y prevenir esas enfermedades potenciales.

FUENTE: “INFOBAE”.

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