INCERTIDUMBRE EN LA CIENCIA: ¿SE ESTÁ RECUPERANDO LA CAPA DE OZONO?

La capa de ozono es un escudo protector para la humanidad. Además de protegernos de los rayos ultravioletas del sol, también protege a la vegetación y ha evitado que el planeta se caliente 0,85 grados Celsius adicionales, según investigaciones científicas.

Debido al uso de gases conocidos como clorofurocarbonos (CFC) en los años ‘80 se detectaron agujeros de esta capa sobre los polos, y el mundo se unió, en el Protocolo de Montreal para tratar de revertir el fenómeno. El año pasado, en la Antártida se registró un récord desde 1979 por la pérdida de ese gas. La buena noticia es que en este 2022 se está recuperando, aunque la erupción del volcán submarino en Tonga, en enero, afectó esta frágil capa que se encuentra a unos 35 km de la tierra.

“Está claro que ha habido una mejora sustancial en lo que respecta a la recuperación del agujero de ozono. De a poco se está recuperando, pero año a año hay cierta variabilidad, denominada variabilidad atmosférica. Este año la mayor destrucción del ozono está relacionada directamente con la erupción del volcán en Tonga, que emitió a la estratósfera una gran cantidad de aerosoles, que reflejan los rayos del sol e hicieron que la estratósfera se mantuviera más fría de lo normal, más que el promedio”, explicó a Infobae Cindy Fernández, comunicadora meteorológica del Servicio Meteorológico Nacional (SMN).

Una pista para detectar la destrucción de la molécula de ozono es la aparición de las denominadas nubes estratosféricas polares, que se ven como bellísimos reflejos pasajeros. “En 2022 hubo mayor cantidad de este tipo de nubes y han aparecido en latitudes mucho más bajas, se observaron, por ejemplo en Tierra del Fuego. Se registró una zona mucho más amplia así como también, mayor cantidad”, agregó Fernández.

El ozono es una forma de oxígeno cuya molécula tiene tres átomos, en vez de los dos del oxígeno común. No es un gas estable y es muy vulnerable a ser destruido por los compuestos naturales que contienen nitrógeno, hidrógeno y cloro. En 1974 el mexicano Mario Molina y el estadounidense F. Sherry Rowland se dieron cuenta de que los CFC eran los responsables del agotamiento de la capa de ozono, y en la década de 1980 Jonathan Shanklin, del British Antarctic Survey (BAS) detectaron en la Antártida el “agujero de ozono”. Esto contribuyó a la necesidad de presentar rápidamente algunas medidas para evitar este problema.

El Protocolo de Montreal, firmado en 1987 por todos los miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Canadá, fue el primer tratado por el que los países se comprometieron a eliminar gradualmente los CFC y los HFC de la composición de los productos. Es, de hecho, el único tratado de la ONU en la historia que ha logrado la ratificación universal, según destaca el sitio Meteored.

FUENTE: “INFOBAE”.

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