A una cuadra de la estación de tren de Villa Devoto, una tragedia sacudió al barrio en la tarde de este martes. Cuatro adultos y una niña perdieron la vida por inhalación de monóxido de carbono en una vivienda situada en la calle Sanabria, entre Pedro Morán y Ricardo Gutiérrez.
Adentro, en muchas casas, al igual que pudo haber sucedido con esta, el calor vuelve habitables las habitaciones, pero también puede ocultar una amenaza que no se ve, no se huele y no duele.
El monóxido de carbono circula en silencio: no da señales, no deja rastro, pero se acumula en el aire y reemplaza al oxígeno en la sangre. Cada año, con la llegada del invierno, los hospitales reciben nuevos casos. No hay explosiones ni fugas ruidosas. Según los expertos se trata de un gas tóxico, inodoro e incoloro que se produce por la combustión incompleta de materiales carbonados, y cuyas consecuencias pueden ir desde síntomas leves hasta la muerte.
Este gas está presente tanto en calefones, estufas y termotanques defectuosos como en braseros, fogatas en interiores o incluso en gases industriales y gases de escape de vehículos. Su peligro radica en que es imperceptible al sentido humano: “Es incoloro, inodoro y no irritante”, advirtió Dadic. Además, posee una afinidad por la hemoglobina 250 veces superior al oxígeno, lo que le permite desplazarlo en la sangre y provocar asfixia celular.
En Argentina, las intoxicaciones por monóxido de carbono suelen aumentar con la llegada de los primeros fríos. “Tratamos de quedarnos adentro, en lugares cerrados, muchas veces mal ventilados, y encendemos calefactores o distintos dispositivos para calentarnos, que no han sido usados durante un tiempo, que no han sido debidamente probados o chequeados por un profesional”, explicó Heredia.
Este año en la Argentina, según el último Boletín Epidemiológico del Ministerio de Salud de la Nación, ya se han registrado 444 casos confirmados de personas afectadas por la intoxicación con monóxido de carbono, el gas que se libera por la combustión incompleta en un ambiente con poco oxígeno.
Según adelantó Infobae en una nota reciente, los 444 casos representan un 75% más que la mediana de los cinco años previos para el mismo período. Aunque hay que considerar que durante los años 2020 y 2021 se registraron menos casos por la disrupción causada por la pandemia del coronavirus.
Los síntomas pueden variar según la concentración y el tiempo de exposición. Según Dadic, los efectos incluyen: “Cefalea, vómitos, dolores musculares, fatiga, convulsiones, hemorragias, insuficiencia renal, infarto, insuficiencia respiratoria, paro respiratorio y muerte”. Además, existen cuadros de intoxicación crónica por exposición repetida, que se manifiestan como: “Dolor de cabeza crónico, somnolencia diurna, trastornos del habla, del aprendizaje, paranoia y psicosis”.
FUENTE: INFOBAE.